
Un niño recibe el balón. Tiene un rival delante y un compañero cerca. Duda un instante y después intenta avanzar regateando. El rival le quita el balón.
Desde la banda, es fácil pensar: «¿Por qué el entrenador no le dijo que pasara? ¡Así habría salido bien!».
Es una pregunta comprensible. Como madres y padres, queremos que nuestros hijos se desenvuelvan bien, disfruten de sus logros y reciban la ayuda que necesitan. Sin embargo, la toma de decisiones en el fútbol infantil también se trabaja en situaciones en las que el primer intento no sale bien. La labor del entrenador consiste en reconocer cuándo hace falta orientar y cuándo conviene dejar espacio para otro intento.
En el fútbol, las situaciones cambian continuamente. Se acerca un rival, aparece un espacio libre o un compañero inicia una carrera. El niño necesita percibir esos cambios, elegir una opción e intentar llevarla a cabo.
Imaginemos un juego sencillo con dos porterías pequeñas hacia las que atacar y un defensor que bloquea una de ellas. El entrenador podría indicar qué portería elegir. También puede dar al niño la oportunidad de levantar la cabeza y descubrir el camino libre.
En ese momento, conviene observar si ha apartado la mirada del balón, si ha visto al defensor o si ha cambiado algo respecto al intento anterior. Son observaciones concretas que ayudan al entrenador a decidir cómo acompañarlo después.
La guía de FIFA Training Centre sobre sesiones basadas en el juego también destaca la importancia de ofrecer oportunidades para decidir y probar soluciones en situaciones de juego.
Apoyar la autonomía requiere un marco claro. Antes de empezar un juego nuevo, hay que explicar las reglas. Un movimiento desconocido puede necesitar una demostración breve. Una situación peligrosa exige intervenir de inmediato y con claridad.
Si el niño no entiende la tarea, se muestra cada vez más inseguro o se atasca una y otra vez en el mismo punto, conviene cambiar la ayuda. El entrenador puede mostrar una opción, simplificar el juego o dedicar unos momentos a practicar con él.
El artículo de FIFA «When to tell and when to ask» subraya la importancia de utilizar instrucciones y preguntas en el momento adecuado. Ambas tienen su lugar en el aprendizaje.
El silencio, por sí solo, no es un método de entrenamiento. Esperar tiene sentido cuando el entrenador observa, el niño entiende la tarea y el reto parece estar a su alcance.
Imaginemos que un niño conduce el balón directamente hacia el defensor varias veces. Durante una pausa breve, el entrenador puede preguntarle:
Son ejemplos para iniciar una conversación, no un guion obligatorio. El niño necesita tiempo para responder y quizá prefiera mostrar su idea. «¿Por qué no has pasado otra vez?» puede sonar a reproche. Una pregunta hecha con curiosidad permite conocer lo que el jugador realmente ha percibido.
El resumen de investigación de Donna O’Connor publicado por FIFA aborda cómo las preguntas abiertas pueden estimular la reflexión y por qué deben adaptarse a los jugadores.
No hace falta detener el juego después de cada acción. Tras una conversación breve y oportuna, puede llegar una nueva oportunidad para jugar.
Conviene valorar por separado la idea y su ejecución. Puede que el niño haya visto a un compañero libre, pero el pase haya sido impreciso. Un comentario concreto le ofrece una referencia útil: «Has visto que estaba libre. Ahora vamos a intentar que el balón llegue hasta él».
En otras ocasiones, hay que conversar sobre la elección. Si ha conducido el balón hacia tres rivales, el entrenador y el niño pueden explorar juntos qué otros caminos tenía disponibles.
No es necesario elogiar cada error. Puede resultar más útil describir algo que realmente hemos observado y señalar un siguiente paso alcanzable. Así, el niño dispone de una referencia concreta para volver a intentarlo.
Pueden necesitar ayudas diferentes. Para un niño pequeño, una demostración breve o una elección sencilla puede ser un buen comienzo: «¿Por qué puerta puedes pasar?». Con un jugador mayor y más experimentado, podemos hablar de cómo cambió la situación cuando se acercó el defensor.
Además de la edad, cuentan la experiencia, la atención del momento y la confianza. Entre dos niños de la misma edad, uno puede disfrutar explicando su idea y el otro preferir mostrarla.
Los grupos de edad de JenZo tienen distintos objetivos de desarrollo. Dentro de cada grupo, también conviene adaptar la ayuda a cada niño.
Para valorar el trabajo del entrenador, conviene mirar varias señales más allá de cuántas instrucciones da. ¿El niño entiende el juego? ¿Puede participar? ¿Recibe ayuda cuando se atasca? ¿Los comentarios son respetuosos y comprensibles para él?
Si una situación te genera dudas, puedes preguntar después del entrenamiento: «¿Cuál era el objetivo de ese juego? ¿Qué queríais que los niños descubrieran?». Esto puede ayudarte a comprender tanto la intención del entrenador como la tarea del niño.
Desde la banda, puedes animar a tu hijo dejando que tome la decisión concreta. Frente a una sucesión de «¡Pasa! ¡Chuta! ¡Gira!», a veces basta con un «¡Vamos, inténtalo!».
En JenZo Football queremos que los niños se atrevan a preguntar, probar y reconocer poco a poco sus propias opciones. Por eso, los pequeños avances y la valentía de intentarlo tienen un lugar en el Programa de Desarrollo JenZo.
A veces, una demostración ayuda a seguir avanzando. Otras veces, lo hace una pregunta o una nueva oportunidad para resolver una situación parecida. Nuestro objetivo es que los niños comprendan cada vez mejor el juego mientras siguen disfrutando de él.
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